viernes, 24 de abril de 2009

Santo Domingo, Abril 1 de 2009

En el Boletín de la academia de Ciencias de la República Dominicana, con fecha 17 de Marzo del año 2009, Año 5 No. 9 de esta publicación. Cuyo tema se enuncia “En defensa de un estado y Democracia Laica en la nueva Constitución”.
En la presentación, en su primera página, comienza el enunciado de su posición ante el contenido que debe tener la Reforma Constitucional en materia y cuestiones como “El aborto” y la “Regulación del Estado en Materia Religiosa”.
Me llamó fuertemente la atención, que un grupo de personas de dicha Academia, se abrogara el derecho de todos sus miembros autoproclamándose voceros no solo de la institución, si no, de toda la comunidad científica de la República Dominicana.  
Debo subrayar que a diferencia de la referida academia, el Cardenal Obispo de Santo Domingo tiene entre sus tantos derechos y obligaciones orientar a toda su feligresía, sobre todo en casos como estos que son de materia moral. Sin dejar de indicar el rumbo a tomar en lo que atañe a ayudar al recto pensar para el bienestar de la comunidad que alberga a sus pastoreados.
En definitiva Monseñor Nicolás de Jesús López Rodríguez, no se abroga ningún derecho, si no que ejerce el mandato que le ha sido conferido con su investidura, no así La Academia.
Debo recalcar también que una libre elección nos ha llevado a aceptar nuestra iglesia, por lo que nadie tiene el derecho de cuestionar el cómo está estructurada o funciona la misma.
Dado esto, nos resulta extraño también, que alguien con funciones definidas al servicio de la ciencia, tenga que estar imponiendo orientación laicista a una comunidad.
Me agradaría saber si las leyes de la física o de la química son afectadas, por tener el derecho de tener a Dios presente explícitamente, en nuestra sociedad.
Tras siglos de mentar el caballito de batalla de Galileo como símbolo de intolerancia, viene a ser que la Inquisición es un niño inocente, al lado de intentos propagandísticos de un grupo ateo y desmoralizador de la sociedad dominicana, perpetrado detrás del nombre de una institución.
Mezquino favor le hacen estos individuos a la institución y a la sociedad, quienes para mantener y conservar la vida desde sus orígenes es una actitud reaccionaria, pensar en que existen dos sexos y respetar la familia es antiguo y caduco, y hablar de Dios es pecado, “lo que convertiría de hecho a estos ateos en intolerantes religiosos dicho sea de paso…”.  
Padecen estos Señores de inclinarse a borrar todo sentimiento de culpa y/o responsabilidad, a través de la permisibilidad de leyes.
Nos encontramos ante gente que le endilga a la Iglesia Católica su anti religiosidad haciéndole decir lo que no dice, para que cuadren sus anti valores como compasivos y humanitarios, en lugar de egoístas y asesinos que son lo que son.
Los artículos que forjan este boletín son una suma de verdades a medias, inexactitudes y ataques gratuitos a la Iglesia Católica, entendibles tal vez, para quienes han visitado el patio interior de la Academia de Ciencias el cual ha sido convertido en un despliegue de altares de santería.
Si. No nos sorprende, la presencia en este escrito, de la bandera en resguardo de la homosexualidad y el feminismo a ultranza, abanderamientos que se enarbolan cada vez que es necesario engrosar adeptos a una causa cualquiera que sea, constituyendo más un irrespetuoso y burdo manipuleo, que una defensa a las posiciones de estos.
En definitiva nos dejaríamos engañar si intentáramos encontrar en este boletín, la defensa al derecho de la mujer, o de los niños, a las libertades de elección, y el crecer como seres humanos reconociendo nuestro deber para con nosotros y las futuras generaciones, en definitiva comportamiento social, humanitario y adulto.
Supongo que alguien gozará de una cuota social de propaganda de todo esto, acosta eso sí, de miles de niños que son asesinados sin otra voz que la de los malos e intolerantes Católicos.
Mantenerse callado no es ser tolerante, es dejarse cobrar del miedo a defender los ideales y la fe por la que vivimos y los pueblos que no defienden sus ideales están condenados a ser esclavos indolentes y serviles.

LC 23.5 Pero ellos insistían diciendo: «Solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea, desde Galilea, donde comenzó, hasta aquí.»

Alberto Varillas STB
Abril 2009